Siempre se repite: veo fotos preciosas de manos perfectamente pintadas con toda gama de colores posibles, verde, azúl, amarillo, fosforecentes, brillantes, neon, metálicos, etc. "Quiero mis uñas de un color nuevo y fantástico!!!"
Entonces pues voy a la tienda, llena de ilusiones multicolor.
Me detengo frente a las estanterias de los esmaltes y empieza a darme una especie de pánico frente al arcoiris.
Me reduzco poco a poco, mi cerebro empieza a tropezarse y a errar tomando uno y otro color.
Los devuelvo a su lugar exacto y entonces tomo otro, porque me parece "mejor" o "menos peor que el anterior". Lo devuelvo porque es pesimo.
Analizo otros sin llegar a tocarlos siquiera, ni de loca, digo.
Me pongo uno cerca de las uñas y compruebo que no es lo que busco.
Me agazapo a ver si escondido entre las sombras está el "elegido para mi".
Cuando por fin he repasado todos, los tomo, porque todos van bien.
Los vuelvo a dejar en su lugar porque son páteticos.
Empiezo a llorar dentro de mi mente y me doy por vencida, me iré sin nada.
"Cómo que nada? no seas ridicula, llevas media hora aquí... toma algo! nada puede ser tan malo!"
Asi que me hago de valor y tomo uno que llamó mi atención apenas al final.
Llego a cajas y con lo poco que me queda de decisión digo que "si, he encontrado lo que buscaba"...
(y es perfecto... intento convencerme dentro de mi cerebro)
Llegando a casa lo pongo con el resto de mis esmaltes...
Reparo que algo no va bien conmigo y lo dejo pasar... mañana será otro día.






























